Así fue KIMA 2016, la carrera en la que dificultad y belleza salvaje se dan la mano

KIMA es una carrera especial. A principios de los años 90 un integrante del grupo de socorro alpino falleció en un rescate. Su muerte fue una verdadera conmoción, ya que se trataba una persona muy apreciada e importante de la comunidad, ya que fue el impulsor de todo el sistema de rescate aéreo de la zona. El sobrenombre afectuoso con el que se le conocía era KIMA. Su hermana Ilde Marquetti, un grupo de amigos, voluntarios y excompañeros del grupo de rescate alpino decidieron crear una carrera de alta montaña como homenaje. La primera edición se celebró en 1995 y su combinación de belleza, un entorno paradisíaco en los Alpes centrales Italianos y su elevada dificultad pronto atrajeron a los grandes nombres del Skyrunning italiano. Ellos, con Marino Giacometti a la cabeza, vieron las infinitas posibilidades que ofrecía y acabaron de perfilar un circuito de 52 km. con 4.000 metros de desnivel positivo que ha atraído a los mejores corredores de montaña del mundo. Una prueba que hay que hacer por lo menos una vez en la vida.

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La mítica KIMA Trophy parte de Filorera, asciende 2.000 metros y mete a los corredores en un espectacular recorrido circular por encima de 2.500 m. a través de siete refugios. Las zonas técnicas con cadenas fijas, vigiladas por los ex-compañeros de KIMA, pasos estrechos y expuestos y a menudo el mal tiempo convierten la carrera en una de las más duras del planeta y en un mito comparable a Zegama en España.

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En esta edición, sin embargo, la calor fue la inesperada protagonista de la cita. Los corredores tuvieron que hacer frente a temperaturas por encima de los 30 grados, algo que perjudicó mucho a contendientes de países más bien fríos como Jonathan Albon, británico afincado en Noruega que finalmente fue séptimo; el checo Jan Bartas o el sueco André Jonson. “Va a ser un día muy largo”, me dijo al pasar por mi lado completamente empapado en sudor en el km. 12.

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André Jonsson, en la primera subida de la KIMA // Photo: Albert Jorquera / SWS

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No sé si fue largo o no, pero seguramente fue uno de los mejores días en la vida de Bhim Gurung. Con la mirada penetrante y con la pátina de incomprensión que siempre produce estar en un sitio extraño, este nepalí no solo se impuso en la KIMA, sino que se permitió el lujo de rebajar el récord de Kilian Jornet en un 1’36’’, cruzando la meta en 6h10’. Sinceramente, no creo que él sea muy consciente aún de lo que supone inscribir su nombre en el olimpo de una cita que han ganado leyendas como Fabio Meraldi o Mario Poletti. Al contrario que en UltraKS, Gurung hizo un carrera muy inteligente detrás de un trio de cabeza formado por Leo Viret, otro mito como Marco De Gasperi y Alexis Sevennec. El nepalí marchó un buen rato con Tom Owens y Manuel Merillas, pero el español se acabó retirando. Owens no pudo contactar con el grupo de cabeza, en el que se produjo un juego táctico interesante: Viret tiró hasta la bajada, momento en el que De Gasperi y Gurung jugaron sus cartas. El nepalí es terriblemente fuerte en los descensos, como ya demostró en Yading donde destrozó a Tadei Pivk, y no dio opciones al italiano.

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Bhim Gurung, en la parte final del recorrido // Photo: Ian Corless / SWS

Bhim Gurung, en la parte final del recorrido // Photo: Ian Corless / SWS

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.De Gasperi se marcó un carrerón e incluso rebajó también el récord de Kilian Jornet en apenas 12’’, pero tuvo que conformarse con la segunda posición. “Si fuera un actor sería Leo Di Caprio”, escribió tras la carrera en Twitter, “no sé ni cuantas veces he acabado segundo”. Leo Viret, un esquiador de montaña que apenas ha participado en carreras a pie, aguantó las embestidas de Alexis Sevennec y fue tercero. La quinta posición fue para Tom Owens y la sexta, una gran sorpresa para mi, para el catalán Genís Zapater.

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Marco De Gasperi, en un momento de la bajada // Photos: Ian Corless

Marco De Gasperi, en un momento de la bajada // Photos: Ian Corless

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Emelie Forsberg ya tiene ‘su’ KIMA

En la categoría femenina todas las miradas estaban puestas, una vez más, en Emelie Forsberg. La sueca regresaba a la alta competición tras meses apartada por una grave lesión en los ligamentos y con las dudas de no haber corrido en mucho tiempo una distancia tan larga y exigente. Además, lo hacía en una carrera con la que tenía una deuda pendiente: En 2012 fue segunda tras la gran Nuria Picas, que marcó el récord aún imbatido, y en 2014 volvió a ser segunda tras perderse cuando andaba primera.

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Emelie Forsberg, ganadora de KIMA 2016 // Photo: Albert Jorquera / SWS

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Esta vez, Emelie no perdonó. Detrás de esa inocente sonrisa hay una corredora dura, fría y calculadora, que sabe muy bien como manejar los tiempos de una carrera. “He tratatado de salir controlando”, me dijo al pasar primera en el km 12 y así continuó. Seguida por Ruth Croft, nuevo fichaje de Scott y tercera en Transvulcania, Emelie apretó para distanciarse en la zona más técnica y ganar 10 minutos que le permitieron bajar sin forzar el ritmo ni la rodilla. El resultado: la sueca no batió el récord de la carrera (7h49’), pero por fin se pudo sacar la espina e inscribir su nombre en la mítica KIMA. Ruth Croft mantuvo su segunda posición sin demasiados apuros y Emanuela Brizio fue tercera. La veterana corredora italiana, por cierto, ha logrado subir al podio de la prueba en seis ediciones diferentes. Menudo récord.

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Ahora tocará esperar dos años para volver a vivir las emociones fuertes de esta mítica carrera que se celebra bianualmente por motivos de presupuesto. ¿Volverá Kilian para batir otra vez el récord y disfrutar de una de sus pruebas preferidas? Sólo él lo sabe.     

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