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Camino de la Haría Extreme 2017

En 2013 corrí la Transvulcania. Me enamoré de La Palma. No fue solo por una carrera que salió bastante mejor de lo esperado, sino por la experiencia en si: la amabilidad de la gente, los ánimos a lo largo de todo el recorrido, el clima perfecto, los paisajes preciosos… Los años anteriores había estado viajando por el mundo, buscando belleza y experiencias en tierras lejanas, y en cierto modo redescubrí las Islas Canarias. La tierra del salitre, los volcanes y la lava; su gente de tez curtida por el sol, su eterna sonrisa, su hablar melódico, su carácter abierto y el orgullo por esas islas. Desde entonces he estado en Gran Canaria, en Fuerteventura y en La Palma (multitud de veces), pero nunca antes había visitado Lanzarote. ¿Ya tocaba, no?

 

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Para mi una ultra es, en esencia, un viaje de exploración. Por un lado, de descubrimiento interior, de rebuscar dentro de ti y saber de qué estás hecho. Saber como vas a reaccionar ante los problemas a los que seguro te vas a enfrentar en los momentos más duros. Por el otro, de descubrimiento de un paisaje, una tierra con la que, quieras o no, vas a establecer un vínculo afectivo. Correr por sus entrañas es la mejor manera de conocer zonas y sitios que como ‘simple turista’ no habría sido capaz de ver. En ese sentido, nunca podré devolverle al trail todas las experiencias que me ha dado, todos los rincones del mundo que he podido ver gracias a él. O a causa de él.

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Hay un misterioso resorte que aún ahora, después de años viviendo y siguiendo este deporte por todo el mundo, todavía no he sido capaz de desentrañar. Hay multitud de carreras que no me dicen nada, muchas otras me parecen interesantes profesionalmente y luego hay algunas, unas pocas, que sin saber por qué desde el primer instante perforan mi voluntad. Y en algún momento me hacen pensar “esta tengo que hacerla alguna vez en la vida”. Y entonces ya no hay vuelta atrás. Estás atrapado.

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La primera imagen que recuerdo de la Haría Extreme es una foto de Luis Alberto Hernando. Cuerpo tensado, cara de fatiga, agarrado de una cuerda, peleando por coronar una descomunal subida de roca volcánica entre ánimos de los espectadores. Entonces no lo sabía, pero era la mítica subida a Guinate. Para mi, pura poesía visual. Motivación en estado puro. “Wow, esto es interesante”, pensé entonces. Con el tiempo lo tuve claro: algún día estaría en Lanzarote.

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Luis Alberto Hernando, en la Haría de 2012. Ahí le ‘eché el ojo’ a la carrera

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Han pasado los años y en este 2017 la carrera ha crecido. Aunque con siete ediciones a la espalda aún se puede considerar como relativamente nueva, el nombre de Haria Extreme ya es de sobras conocido entre todos los habituales del trail. El empuje de Arista Eventos, el marco incomparable, el buen hacer de sus organizadores y la mítica fiesta del sábado por la noche la han elevado al rango de uno de los grandes eventos del calendario estatal. No en vano en esta edición contará con 1.200 corredores de 32 nacionalidades y será puntuable para la WAA Spain Ultra Cup, la Copa de España de Ultra (FEDME) y el Campeonato de Canarias de Carreras por Montaña (FECAMON). A pesar de llegar a final de temporada, en un momento en el que mucho élites ya han bajado la persiana, hay confirmados nombres de la talla de Yeray Durán, Mercedes Pila, Gema Arenas, Álex Fraguela o Albert Pujol.

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La plaza mayor de Haria será el escenario el sábado de la salida de la Binter Maratón (44 km), la Medium (23 km) y la Geoparque Starter (10 km), pero ese no será mi inicio, sino mi final. A las 7 de la mañana estaré en el Parque de Timanfaya para enfrentarme a la Cicar Ultra de 94 km. Con todas mis dudas y nervios de un año plagado de viajes por el mundo, de correr solo carreras cortas de entre 20-30 km, de muchos Kilómetros Verticales y de alguna maratón (lo que quedaba ‘libre’ cuando no estaba trabajando en las pruebas principales de las Skyrunner World Series). Y aunque he podido entrenar bien el último mes, creo que llego algo justo para una ultra de casi 100 km. Pero esto era lo que me motivaba, lo que me movía por dentro. Hacer una maratón no suponía mayor desafío para mi que acabar con un buen tiempo. Quería enfrentarme a algo más. Quería saber como estoy. Enfrentarme a ese punto desconocido al que no llegas en los entrenos. Quería descubrir Lanzarote. Quería vivir la fiesta de Haría. Y quiero hacerlo con una sonrisa en la boca, aunque sepa que voy a sufrir. Porque siempre digo que todos los que somos capaces de hacer carreras como esta en sitios así somos unos privilegiados. Del primero al último.

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