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No dejes de soñar, nunca estarás lo suficientemente preparado

La Ultratrail del Mont Blanc del 2016 fue una de las más emocionantes de los últimos años por los abandonos, ‘globos’ varios y los constantes cambios de posiciones en la zona alta. Buena parte de los favoritos fueron cayendo hasta que Ludovic Pommeret y Gediminas Grinius, dos corredores habitualmente muy sólidos, acabaron jugándose la victoria en un gran mano a mano. Esta sensación de escabechina se refrendó con los datos post-carrera: un total del 57% de los participantes fueron ‘finishers’, o lo que es lo mismo: de cada diez que empezaron, cuatro acabaron abandonando.

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Estos datos combinados dieron pie a un interesante debate en las redes sociales al que me gustaría apuntar mi punto de vista. No hace falta decir que dentro de esa discusión aparecieron opiniones recurrentes como “la gente no está suficientemente preparada” o “se le ha perdido el respeto a la distancia”. De entrada no es que esté de acuerdo o en contra de ellas, pero odio las generalizaciones. Al final entre los participantes de una carrera estamos hablando de 2.000 realidades muy diferentes, entre los cuales seguro que habrá quien no sepa donde se meta, pero sinceramente creo que son una minoría. En segundo lugar, me hace gracia la afirmación de “la gente no está preparada” referente a la Ultratrail del Mont Blanc. ¿Realmente alguien puede sentirse preparado para hacer 170 kilómetros, con 10.000 metros de desnivel positivo, de noche, con posibilidad de mal tiempo y por montaña?

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Atletas fuera de serie y con experiencia como Tòfol Castanyer o Luis Alberto Hernando han centrado la temporada y su preparación en esta prueba. El primero sufrió una caída por un empujón involuntario en el km. 3 y se dañó la rodilla, y el segundo, una pequeña ampolla en el talón que fue a mayores y le impidió seguir corriendo tras 70 km. Ryan Sandes viajó un mes antes a Chamonix y estuvo entrenando el recorrido varias veces, pero se retiró por problemas intestinales. En una carrera tan larga influyen centenares de variables y el más mínimo percance puede convertirse en definitivo si no tienes suerte o no sabes como gestionarlo.

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Luis Alberto Hernando, el gran favorito, se retiró por problemas en los pies // Foto: José Miguel Muñoz / Revista Trail Run

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Por otro lado, si estos atletas con unas condiciones físicas espectaculares, experiencia y entrenos dirigidos a hacer esta prueba abandonaron, ¿qué se puede esperar de un popular que trabaja ocho horas al día, tiene una familia y debe sacar horas para entrenar de debajo las piedras? Personalmente no creo que sea una falta de preparación o de respeto, pero a veces sí que perdemos (todos) la perspectiva. Nos pasan por delante cifras, kilómetros, desniveles positivos y no tenemos una noción clara de lo que representan. Y para colmo de males vemos a gente como Luis o Kilian que lo hacen y parece fácil, pero no lo es. Ni tan siquiera para ellos, que son excepcionales. Así que imaginaros para las personas normales. ¿Os habéis parado a pensar lo que es correr o caminar 170 kilómetros? ¿Y encima por montaña, subiendo hasta los 3.000 metros de altitud? ¿De noche, sin dormir? O simplemente, pensad en poneros a hacer una actividad física, la que sea y a la intensidad que sea, durante 40 horas seguidas. El esfuerzo mental que eso requiere… ¿Y os parece extraño que uno de cada tres participantes de UTMB abandonen? A mi no, la verdad.

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Unos de los avituallamientos de la UTMB // Foto: 33shake

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Yo hice el UTMB en 2013 y lo acabé en 33 horas y la posición 239 de unos 2.000 participantes. Nada del otro mundo, la verdad, y dentro de lo que más o menos esperaba. Para mi el objetivo era muy simple: acabar. Tenía unas previsiones si todo iba bien (30-35 horas), otras si la cosa iba mal (35-40 horas) y luego ya el plan desesperado si todo se torcía (acabar como fuera antes de 46). Supongo que puedo estar contento de lo que hice y de como me fue, pero al acabar tenía un regusto agridulce. Lo había logrado, pero la carrera me había dado con la mano abierta en la cara. Los últimos 50 km. me limité a sobrevivir y todo aquello me pareció excesivo, tuve la sensación que me sobrepasaba, al contrario de otras carreras más cortas que había gestionado mejor hasta el final. Es difícil de explicar, pero supongo que los que corréis ultras me entenderéis: a veces no es tanto el resultado como las sensaciones.

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Ahí está la prueba de que acabé el UTMB 😉 // Foto: Sergi Montes

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Quizás sea muy autocrítico, pero al acabar pensé que quizás debía haberme preparado mejor. El problema es que miraba para atrás y no veía nada que pudiera hacer de una manera diferente. Durante nueve meses le dediqué todo el tiempo que pude a entrenar teniendo en cuenta que entonces trabajaba ocho horas al día en una oficina y, además, tengo una familia y un niño de tres años a los que no quería renunciar. Me perdí horas de sueño, noches de salir con los amigos, incontables palizas, madrugones en fin de semana y creo que hice las carreras que tenía que hacer aquel año. ¿Estaba preparado? Sinceramente aún ahora no lo sé. ¿Hice todo lo que pude? Esto sí que lo tengo claro.

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Lo que me vengo a referir es que creo que nunca nadie, y menos un ‘amateur’, puede sentirse ni estar plenamente preparado para algo como la UTMB. Siempre hay una pequeña parte de lanzarte al vacío, de arriesgarte, que aplaudo y reivindico. Esto no quiere decir hacer las cosas a lo loco, sin preparación ni saber donde te metes, pero en la vida hay momentos en los que hay que soñar y atreverte. Y si te va mal, tampoco pasa nada, siempre que seas consciente de tu situación y de donde estás. Una de las cosas bonitas de mi trabajo actual para las Skyrunner World Series es que muchas veces voy a un punto de la carrera, fotografío a los atletas de élite y desando el camino encontrándome de cara con todos los otros corredores, a los que trato de animar y aplaudir. Cuando llegan los últimos, a veces veo gente que claramente no está preparada, especialmente en carreras supertécnicas como KIMA o la Tromso Skyrace. Yo pienso “juer, qué valor tiene este/a para meterse aquí. Yo no lo haría ni loco”. Y, a veces, me he encontrado a estas personas en la meta, les he preguntado cómo les ha ido y me comentan que han abandonado. La mayoría de veces no están tristes o abrumados, incluso suelen estar contentos: simplemente son gente que lo han intentado, han visto que aquello les superaba y lo han dejado.

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Hay que tener mucho valor para meterse en una carrera como la Tromso Skyrace // Foto: Albert Jorquera

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Yo, personalmente, no iría asi a una carrera y si transitara rozando los tiempos de corte o entre los últimos me plantearía seriamente si ese es mi lugar, pero ¿quién soy yo para juzgarles a ellos? He visto gente andar la última en una ultra durísima, pero entrar dentro del tiempo permitido y mucho más contento que yo, que igual he acabado entre los 50 primeros. El propio Kilian Jornet me explicó en Tromso el caso de un chico uruguayo que en la primera edición llegó a la cresta supertécnica y volvió para atrás porque no se sentía preparado. Entrenó durante un año y, en la edición siguiente, lo logró. ¿Es esto criticable? A mi me parece admirable.

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La clave, ser honestos con nosotros mismos

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Al punto al que quiero llegar es que lo de estar preparado o no, es muy relativo y creo que nunca se va estar preparado para algo tan bestia como la UTMB. Lo que es importante es ser honestos con nosotros mismos, y eso a veces cuesta mucho. Para mi lo criticable no son las personas que van atrás cargadas hasta arriba de material porque saben que aquello les viene grande y son conscientes que puede que abandonen, sino el ‘flipado’. El ‘flipado’ que teniendo un nivel normal sale con los de delante a cuchillo, revienta y abandona con excusas varias; o el ‘flipado’ que vive en una ciudad y va a una carrera de alta montaña con un simple cortavientos y con una camiseta fina de tirantes; o el ‘flipado’ que ha hecho una media maratón de asfalto y se mete en una ultra de 100K por alta montaña sin material adecuado ni experiencia; o los de las frases molonas pero vacías como ‘no hay límites’, ‘acaba o revienta’, ‘querer es poder’ y tantas otras que pululan por los libros de autoayuda y redes sociales.

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Porque al final, y aquí acabo, no debemos perder de vista quienes somos, dónde estamos y por qué hacemos esto. ¿Quienes somos? La gran mayoría somos personas normales que estamos haciendo cosas extraordinarias que requieren una gran preparación, experiencia y un punto de suerte. ¿Dónde estamos? En la montaña y hay que respetarla SIEMPRE, porque en cualquier momento puede cambiar y ponerse muy complicada. ¿Y por qué lo hacemos? No sé tú, pero yo lo tengo muy claro: porque me apasiona y me gusta. Deja a otros que busquen sus límites, crucen el umbral del sufrimiento y luzcan sus prendas de finishers. Tú vívelo, sueña con ello, prepárate lo máximo posible, disfruta de los entrenos y cuando llegue el momento, atrévete. Y si no lo logras, no pasa nada. Prepárate mejor y vuelve a intentarlo. O busca otra distancia y reto que te apasione. Porque hay algo peor que fallar cuando persigues tu sueño: no tener sueños.

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Últimos metros del UTMB 2013. Sueño cumplido // Foto: Sergi Montes

      

2 Comments
  • curro orozzco
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    joder¡¡¡ me has llegado a emocionar¡¡ gracias

    9 marzo, 2017 at 11:04 PM

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